Hay un momento donde el mar se calla y empiezas a sentir su peso.
Enero no llegó con calma, llegó como una ola de seis metros y no exactamente para surfearla. Golpeaban mis rodillas en la arena mientras daba vueltas y el agua salada me quemaba por dentro la nariz.
Cuando finalmente me escupió en la orilla con los calzones llenos de arena, ya empezaba Marzo. Se quedaron amigos y lugares tan rápido antes de que pudiera decir adiós.
Me levanté en una playa soleada con mis sistemas limpios por la marea y los ojos ardiendo por la sal.

Hace 3 años, cuando mi cuerpo renunció al trabajo de entregas urgentes antes que mi mente, me lancé a mi arte con la misma desesperación con la que alguien se aferra al vaso de cheve en un festival.
Llené mis días con libros que prometían ser más carismático. Me obsesioné con el cronómetro. Con las listas de tareas sin rumbo. Y cursos para tener una vida exitosa.
Busqué optimizar cada milímetro de mi vida, si cada hábito era perfecto, el éxito sería seguro. Pero buscando ser la gran vendedora, no me permitía crear arte. Podría crear arte después de aprender a vender lo que ya tenía. Me condicioné el crear, no dejé espacio para el juego.
Olvidé porqué había saltado al agua.
Mi “camino predeterminado” siempre ha sido juzgarme, compararme y minimizar.
Escuché que sanar es dejar de perseguir. Mientras salto con la cabeza de lado a lado para sacar el agua de mis oídos, sé que mi verdad es más ruidosa. Busco ver el mundo con la comodidad de quien confía en su mente y cuerpo.
Esa es la verdadera meta.
Una noche escribiendo en mi diario nació esta idea de tatuarme con tipografía descuidada de cartulina de secundaria: Curious (curiosx).

Fue mi declaración de guerra contra mi mente experta en sus caminos de juzgar, comparar y minimizar. Un trabajo activo de borrar el camino predeterminado del juicio para crear uno de experimentos. Permitirme crear, disfrutar y experimentar sin importar el resultado.
Ahora en cada tarea me detengo no para juzgar si no para observar, si el miedo invade mi pecho, respiro y me recuerdo que estoy en un lugar seguro para ser curiosa, para experimentar.
Llevo un año construyendo este pizarrón con parches de ideas. Borrando y agregando nuevas.

Ayer fue uno de esos días donde tengo la energía de ordenar mi vida, y borré el pizarrón, se sintió como cambiar mi fondo de pantalla.
Tengo una idea más clara de lo que quiero y hacia donde voy, es necesario tenerlo frente a mi para no olvidarlo. Dicen que el cerebro es para crear ideas no para almacenarlas y hoy empiezo a ponerle atención a mis ideas, escribiéndolas y teniéndolas presentes.
En el siguiente post te muestro como cambió mi pizarrón de “Prioridad: Ventas” a “Prioridad: Amor”.
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